Son las once de la noche y siento nostalgia, pienso en que tal vez, de un tiempo acá, ya no seremos nada, seremos solo polvo y recuerdos que volarán por la red y por el mundo. Son las once de la noche y siento nostalgia, porque quizá de aquí a un tiempo ya no nos comuniquemos como lo estamos haciendo ahora. Son las once de la noche y de a pocos me voy deprimiendo pensando que mañana ya no estará, ya no estaré y nos perderemos en un mundo indiferente a lo que sentimos y lo que pensamos. Son las once de la noche y me doy cuenta de que no la tengo, que todo es ilusión de un príncipe que no es más que un sapo queriendo convencer a una princesa. Son las once de la noche y muchas veces a esta hora hemos hablado de cosas del futuro y cosas del pasado pero sé y sabe que nunca nos dimos nada más que felicidad sin condiciones.
Hoy, como estos últimos días, he amanecido pensado en ella. Hoy, como los días que recientemente pasaron, amanecí recordando lo que hablamos en la noche de ayer o en los últimos días que pasaron. ¿Cómo inició esto? No lo sé. Antes a esto compartimos una sola mirada, quizá por ahí alguna sonrisa y unas cuantas palabras, pero esos pequeños momentos, cual relámpago, bastaron para que hoy estemos apegados al teléfono y hablando día y noche como si nos conociéramos lo suficiente y de hace buen tiempo atrás.
Debo decir que, con ella, cada día es una nueva aventura. La admiro como no imagina; mientras pasa el tiempo me sorprende más y más. Yo pretendo sorprenderla con mi intelecto y demostrarle todos mis dotes, pero veo que no funciona. Quiero sorprenderla escribiéndole como nunca antes lo hicieron, retratando lo que hasta hoy juntos imaginamos vivir, pero veo que tampoco servirá pues ella escribe perfectamente, tiene muy buena inspiración y realmente me siento pequeñín con este corto relato.
En este corto tiempo presiento que ella ha pretendido posicionarse dentro de mí. Debo reconocer que poco a poco está logrando su cometido, que no he dejado de pensar en sus cabellos castaños, piel blanca, ojos marrones y labios rojos; tanto que no me la quito de la cabeza. Y a esta hora, once de la noche, como todos los días, ella no está conmigo. Nuestros códigos de comunicación vía mensajería instantánea privada es quien tiene vivo la esperanza de que en algún momento podamos estar juntos.
No voy a mentir que hace un par de días atrás me vestí de felicidad cuando leí su mensaje en que prometía nunca dejarme. Quisiera creer que esa promesa se cumplirá pero el muro inmenso que nos separa me hace volver a la realidad y me obliga aceptar que quizá mañana todo cambie, todo acabe y finalmente desaparezca de mi vida yo de la suya... acepto que duele inmensamente el solo hecho de imaginarlo .
Son las once de la noche y siento nostalgia porqué la veo lejana, muy distante y tengo miedo de que la brecha que hoy nos separa no se acorte con el tiempo. Son las once de la noche y con dolor veo todo el tiempo que compartimos y aún siento que no es completamente mía, que tal vez no podré tenerla como mi corazón anhela, que este amor solo debe resignarse a las sombras de un imposible, son las once de la noche y esta noche obscura acompaña en silencio el dolor de mi corazón. Son las once de la noche, y hoy al igual que ayer está presente y mañana le estaré esperando, como todas las noches.
Esta canción la retrata en mí.
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