Lo nuestro empezó un otoño. Aquella primera vez, no lo voy a negar, fue a primera vista. Desde ese momento no hemos dejado de escribirnos, así como tampoco de desaprovechar cualquier ocasión para besarnos, abrazarnos, tocarnos, sentirnos, q ue sin importar el horario, el lugar y la gente, mostramos nuestro anhelo de querer estar juntos, por lo menos en esos instantes . Muchas veces, por unos minutos y en distintas calles desconocidas, he detenido el auto para besarnos intensamente. Me fascinaron tanto sus besos que innumerables veces quedé manchado con ese expresivo color rojo de su labial; esas huellas que se hacían a la difícil en borrarse de mi rostro . En el tiempo que pudimos juntarnos nos la hemos pasado besuqueándonos por doquier, yo acariciándole las piernas, los pechos, el cuello, su rostro; por su parte, ella sujetándome fuertemente la cabeza y abrazándome con todo su ser. Ese fue nuestro lenguaje con el que bus...
Una etapa de nuestra vida