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ME HA DOMESTICADO


Uno de los días pasados, en horas de la noche, cuando ya el sol se había puesto, otra vez logramos encontrarnos, estábamos allí, muy solos los dos, caminando entre personas desconocidas y otra vez conversando de lo nuestro. Pude notar que el encontrarse conmigo le llenaba de felicidad y me alegré por ello, entendí que ambos, al final del día, cuando cae la noche, nos necesitamos tanto que cuando hablamos tratamos de saber más el uno del otro; nos necesitamos tanto que en un par de horas tratamos de vivir intensamente nuestra inmensa alegría de habernos conocido y lo manifestamos riéndonos, tratando de olvidar las cosas que nos aquejan, y que a veces duelen demasiado. 

Cuando iniciamos la conversación me comentó que había leído el relato anterior y que le había fascinado, dijo que nunca nadie le había descrito de esa manera, me agradeció tanto que podía notar el brillo de sus ojos, cual muchachilla adolescente enamorada, se le notaba muy contenta, pues el agradecimiento tuvo que repetirlo más de tres veces, tal vez lo hizo sin darse cuenta, pero lo hizo; personalmente no lo entendía, pues pensé que sería yo quien debería agradecer porque es ella quien me motiva nuevamente a retomar las cosas que, como ya dije, había dejado de lado.

Antes de ayer, cuando hablamos, le dije que habían notado, quienes la conocen, que su corazón se alegraba a cada día, cuando faltan pocas horas para que se encuentre conmigo, pero le dije en forma de broma, pues tal vez no sea así y creo que no es así, se lo transmití con la única intención de que entienda que eso es lo que me sucede a mí, cada vez que se acerca la hora de verla mi corazón se contrae y mis latidos se oyen con más intensidad; pero me he dado cuenta de que ese sentimiento no es compartido por ella, y creo es mejor así.

Debo decir que en todas las conversaciones que tuvimos, siempre le he prestado mucha atención, a veces al escuchar los tristes avatares que le suceden a diario, quiero encontrar alguna solución a los problemas que le aquejan, pero como no lo consigo, intento hacerla reír, robarle una sonrisa, para así hacer que olvide las preocupaciones que tiene en estos momentos de su vida, aunque el intento valga solo un pequeño momento, y nuevamente vuelva a la realidad.
 
Ayer, tenía la intención de leerle lo que le escribí; pero lamentablemente no pudimos vernos y me he quedado con las ansias de decirle lo que líneas abajo se puede leer… 

“No voy a decirte que, desde la primera vez que hablamos por teléfono, desde ese momento hasta el día en que te conocí he pensado e imaginado como serías; y no voy a decírtelo porque no deseo que nuestra relación de amigos culmine. No voy a decirte que me gustas desde el primer momento en que te vi, desde el primer momento en que nos presentamos, o debo decir desde el primer momento en que leí tu nombre en esa cartulina que hacía de solapin… y no voy a decírtelo porque me sonrojo. No voy a decirte que en toda esa semana, cuando estuviste aquí, les ofrecí mi compañía a todo ese grupo que te acompañaba, con la única intención de saber un poco más de ti; y nunca te lo voy a decir porque te darás cuenta de lo interesado que estoy. No te voy a decir que conservo una foto de tu rostro, y si deseas saber cuál es la procedencia de ella, eso no importa, esa foto siempre la miro y me llena de satisfacción saber que más tarde escuchare tu voz. No voy a decirte que me gustas más cuando demuestras estar alegre, cuando logro hacerte reír, cuando sueltas una carcajada, pues en esos instantes imagino tu sonrisa que dibujas en tu rostro; y no te lo voy a decir por la sencilla razón de que no deseo que te enteres de que tengo un temor de que algún día ya no escuche tu voz y no pueda imaginar tu sonrisa. No voy a decirte que al llegar las noches me encanta platicar contigo, aquellas cuando me siento un tanto agobiado, cuando el corazón busca desahogarse de las depresiones que a veces llegan, y no voy a decírtelo porque temo que luego te vuelvas indiferente y abandones este rito que de a pocos vamos cultivando. No voy a decirte que he pensado en decirte todo lo que describo por el temor que tal vez cuando sea de tu conocimiento nuestra relación cambie y se torne negativo…” 

Como no pude leerle, concluyo que fue en vano mi preparación de toda la tarde, la finalidad fue romper este temor y tranquilizar a los nervios, pero fue en vano.

Hace un día que no tengo noticias de ella y en este cortísimo tiempo he sentido su ausencia, la extrañé demasiado, ahora puedo entender la tristeza que sentirá el Sol cuando no tiene a la Luna a lado suyo, ya que solamente puede unirse a ella en un eclipse, y eso definitivamente no pasa a diario.

Hoy al escribir este corto texto, me he dado cuenta, de que ella está en mi mente sin que nadie me la recuerde, la razón? creo que me ha domesticado... y creo que estoy en serios problemas...

La canción que se escuchará a continuación es la indicada para esta parte de la historia, va la pregunta a este corazón.
 

 

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