Fue un viernes en que se celebró nuestro reciente encuentro, ella vino por mí, hasta aquella estación del transporte público que es más utilizado en la capital. Ella para llegar a nuestro anhelado encuentro y en el horario establecido recorrió la ciudad de cono a cono soportando el insoportable calor que no es habitual en esta etapa primaveral.
Así es, hace unas semanas atrás estuvimos juntos, fue un día caluroso como hoy, día en que el sudor recorre todas las partes del cuerpo y las achicharra las partes descubiertas. Ese día, luego de disfrutar un pisco sour hablamos de los amores de nuestras vidas, de los besos desaprovechados, de los amores platónicos y de muchas cosas más.
Puedo escribir muchas cosas de ese viernes, como por ejemplo de la forma en que cruzaba sus piernas, de lo voluptuoso de sus pechos, la manera de como sonreía, de lo feliz que se mostraba y de lo alegre que me sentía Yo por habernos encontrado luego de muchísimo tiempo. Puedo decir muchas cosas más de ese día, como por ejemplo puedo citar que mientras hablábamos barbaridad y media ella estaba ahí, fingiendo comer, criticando la excelente calidad del arroz que le sirvieron; adulando la vista al mar que tenía ese lugar y repitiendo que le gustaría volver a sentir ese viento frío con sabor a mar. Con respecto al viento con sabor a mar Yo no lo veía nada extraordinario porque ella se refería al mismo viento fuerte que a cada rato me desordenaba el cabello.
De ella solo tengo noticias mediante las redes sociales, y así como todos los días, al ver sus retratos pienso en sus ojos café, en sus labios carmesí, en sus dedos de uñas largas y en su muñeca izquierda que alojaban un par de pulseras, una de hilo y otra de cuero. Pareciera ayer el día
en que felices celebramos nuestro encuentro, pero lo cierto es que el
tiempo sigue avanzando y nosotros seguimos distanciados; pero ella, al
igual que Yo, muestra sus esperanzas de volver a ver pronto ese momento de que el sol se encuentre con el mar en el horizonte.
Está llegando la noche sin ella y no quiero verla, no quiero mirar el atardecer si no es a su lado, no quiero sentir como va muriendo el día en soledad, pues pretende hacerme llorar y llenarme de melancolía. Es domingo y es noviembre, ocho de la noche y una intensa garúa cae sobre Lima, a lo lejos los perros ladran sin cesar, un recuerdo llega a la memoria, de ella, de las cosas vividas que ahora suenan en cada canción.
Desde la ventana de mi oficina, veo pasar el tiempo y al compás de como avanza, alimento mis esperanzas, para que un viernes como ese día, nuevamente venga por mí, hasta este paradero del metropolitano para que me estreche entre sus brazos y hacerme feliz; pero mi esperanza es que llegue antes de que caiga el crepúsculo, antes de que Yo y ella cumplamos otra vuelta más al sol, antes de la nueva primavera o antes que llegue la noche buena.
Un sentimiento de mucha nostalgia y añoranza, la persona descrita debió vivir muchas experiencias contigo, tranquilo si el destino lo quiere así otra vez volverá a ver a su amig@. Muy lindas palabras
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