Fue temporada de invierno cuando la conocí, cuando me deslumbró con su presencia, con su lógica, con su discurso. Los cafés humosos eran muy cotizados por ella y por el grupo de amigas que le acompañaban esos días. Una y mil veces nos cruzamos por estas calles, entre esos encuentros que fueron al azar llegó ese domingo. Día de festividad, de bailes y de jolgorio. Ese domingo no le perdí la mirada, estuve pendiente de todo lo que hacía. Si ella sonreía yo la acompañaba con otra sonrisa. Si ella cantaba a viva voz, hacía dupla con ella hasta que nuestras voces se confundieran. Si ella pretendía reírse de alguna broma hecha por ella misma y a veces sin sentido, yo le daba sentido y el grupo entero reía hasta las lágrimas. Desde aquel domingo en que me sonrió y brilló la esperanza la he vuelto a ver un par de veces, fueron encuentros fugaces, alguna vez en ropa de baño, otra en ropa deportiva y otra en un sport elegante; momentos distintos pero catalogados por mí como únicos. Desde es...
Una etapa de nuestra vida